Poco a poco fue sorprendiendome no sólo de mis acciones sino también de sus reacciones.
Decidir nunca antes había costado tanto,
dejar una vida atrás en busca de otra diferente.
Desapegarse de objetos, afectos y lugares.
Casi 20 años viviendo un mundo de caos, obligandome a superarme para no caer aplastado bajo un sistema cruel que no perdona.
Sistema que te pisoteara sin importar cuantas fracturas tengas, sean visibles o estén escondidas.
Salto grande, enorme.
Jamás lo hubiese logrado sólo, sin buenas y bellas personas que me acompañaron.
Sin saberlo, en mi orgullo de no aceptar nada de nadie, ni siquiera ayuda. Tanta gente amandome eran mi pilares.
Estaba bajo el encanto de vivir mi sueño y saber que lo merecía y mucho más.
Que era capaz de lograrlo y superarlo.
Escondí mis defectos y errores, algún día me encargaria de ellos,
tal vez cuando mi bolsillo y mente estuvieran con más salud y paz, tal vez nunca.
Luego la burbuja explotó, me quedé en la nada misma, mil dudas y problemas urgentes que resolver.
Volver a mi antiguo hogar ya no era opción, esa vida quedo atrás ni quedaba hogar en pie, no por orgullo sino por imposibilidad de retomar ese camino de lucha constante.
Así fue que decidí un nuevo comienzo incierto, volver a la tierra que me vio nacer, compartir y reconectar con mi primer apoyo y amor. Acostumbrado a ser habitante del mundo, una vez perdido o roto el primer cascarón ya ningún lugar en específico era mi hogar, el mundo me cobijaria donde sea que me atreviera a intentar.
Pero el tiempo fue mucho, ahora soy un extraño en todas partes.
Deambulo de un lado al otro, comparto mi existencia y energía, recibo tanto como doy hasta incluso más. Más nadie me comprende, me conocer o desea hacerlo.
Al menos eso creía,
Pero que lindo es equivocarse!
Personas increíbles llegaron a mi vida para probarme una vez mas que no estamos nunca solos.
Me enseñaron tanto,
desde el amor como del dolor,
aceptando mis piezas mal encajadas y las que ya no están,
los defectos araigados en mi tanto tiempo sin poderlos resolver, el dolor acumulado que llevo en mi espalda ya no dolía tanto cuando acepté liberarme y dejar que me ayuden.
Sentado en el suelo luego de una caída auto provocada, sin nada más que mi persona,
tocando fondo y reconstruyendome una vez más con los ojos rojos de lágrimas que apenas podían salir y la garganta con un nudo de haber guardado muchísimo por tanto tiempo.
Perdonar es duro, más aún perdonarse a si mismo, confrontandose desnudo ante un espejo que revela todo tu ser.
Amarse a pesar de todo y soltar el ancla llamado culpa para seguir el duro y a veces injusto camino del crecimiento.
El cuerpo se movía por inercia muchas veces u otras tantas apenas alcanzaba a respirar. No de enfermo, sino por sentirme derrotado y que las cargas impuestas en mi eran muy pesadas.
El sistema impuesto en la sociedad te sobre exige siempre;
lealtad,
alegría,
lágrimas,
empatía,
energía,
tiempo, sacrificio.
Todo, por nada, tu recompensa son pocos días de falsa libertad llamado vacaciones y una pseudo estabilidad en base a acumular comodidades.
Salirse de todo eso también duele, cuesta sudor que marca la espalda y deja marcas en la cara y por dentro.
A pesar de todo, creo no existe vacuna ni expliaciones para esto, mejor asi!
Al final, cuando la vida se extinga quedarán memorias y satisfacción. También espero sumar algo a nuestra especie, pero mientras me encargo de agradecer y aprovechar cada día.
Disfrutando lo más simple, viviendo sin dinero, trabajo pago, casa fija ni aparentes planes de futuro.
Llegó el momento en que sin darme cuenta me convertí en revolucionario, silencioso pero activo, alegre y afectivo. Ansioso aguardo que en este camino emprendido, siga lleno de tanto amor y aprendizajes.
Espero en cada mañana siga teniendo el coraje de andar a la par de sanar.
Perdon y gracias por todo.