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sábado, 22 de enero de 2022

Enfermedad

Me encuentro en una etapa donde toda autocrítica en introspección recae en algún punto en la conclusión de que el momento de cambios sigue siendo ahora, 
que el ahora es cuando decidimos que suceda a pesar de los impedimentos. 
No existe el concepto de tiempo perdido, a excepción de las experiencias que no dejaron enseñanza alguna. 
Las excusas están de más, cada acción cuenta. 
Siento desde lo más profundo que coexisto con realidades tan diversas y a la vez tan familiares. 
Todo lo vivido, es atravesado ya sea por empatía u ósmosis, por lo que rodea al hábitat físico y espiritual. 
Estamos siendo parte de una conciencia colectiva estemos despiertos o no. Por ello esquivar la tarea del autocuidado y del entorno que nos soporta es tarea compartida. 
A menos que decidamos ser otro organismo, que cual virus sólo se preocupa por la supervivencia de la especie. 
Tan capaces e ineptos a la vez
Nos llenamos la boca de verdades que tomamos como filosofía irrefutable, más nada escapa del fallo. Somos parte del mismo, a veces rectificamos a base del error y otras tantas somos artífices de ello sin remediar nada
Como si de un sistema simplificador y binario se tratase, partes de una maquinaria inmensa con falta de mantenimiento. 
Rompemos, cambiamos, reestructuramos sin mirar atrás. 
Llorar es para los débiles, protestar pareciera un desperdicio. Cuidar una locura de utópicas almas, o eso es de lo que te quieren convencer
Más aún así, amar sigue siendo tarea de valientes
Osados que inyectan esperanza en un mundo enturbiado por el egoísmo e histeria colectiva

Nos hacen olvidar del poder que poseemos, acallan nuestras voces, con minucia y empeño machacan los ánimos. Como si moldeasen nuestros seres desde la fibra más ínfima. 
La enfermedad está implantada, lleva eones integrada al ADN de la especie que nos nuclea bajo la misma nomenclatura. 

Más lo que no debemos olvidar, ni dejar de incentivar es el despertar. Ser quienes deciden si forman parte de la enfermedad o quienes desean curar 
No cuesta mucho, casi nada, dejar de ponernos el disfraz depredador. Acercarnos nuevamente al suelo que nos sustenta, tan cerca que los pies echen raíz.
Cobijarnos bajo el follaje que nos abriga, de tal manera que cambiemos nuestra naturaleza y generemos oxígeno, más de lo que consumimos
Sumergirnos en el agua, tanto que deje de mojarnos para pasar a ser parte de ella. 
El momento es ahora,
 aquí es dónde, 
Quien? Vive en cada uno de nosotros
Decisiones deben ser tomadas, nunca es tarde. 
Siempre es a tiempo.